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Los nuevos pantanos

Revista El Pirino
Villanueva de Cameros – Agosto 2026

Ángel de Pablo
ADSC_Rioja

Si hubo un tipo de obras que proliferaron en la España rural a lo largo de todo el siglo XX, fue la construcción de pantanos. Alabadas con faustas celebraciones de inauguración por dirigentes de todas las tendencias políticas, pero denostadas por las personas más afectadas, aquellas que tuvieron que abandonar sus lugares de origen para dejar paso al embalse, como en Los Molinos y Pajares.

En los tiempos que corren, con sequía y temperaturas extremas, el papel que cumplen los pantanos no lo cuestiona nadie. El problema es que se construyen en unas zonas, pero el mayor beneficio se produce en otras, las más pobladas. El agua es un bien común, pero las casas y tierras tenían dueño hasta que se les obligó a irse a cambio de una reubicación o pequeño pago por la expropiación. Muchos años después sigue habiendo consecuencias: la desaparición de zonas de baño o la disminución de la fauna. Los términos municipales anegados reciben una compensación económica, pero otros afectados no lo hacen. En Villanueva, por ejemplo, se construyó el canal de alimentación al pantano González Lacasa y se ha vallado una zona de afección de más de 150 m. ¿Cuánto recibe por esto? Nada.

Avanzado el siglo XXl se están realizando otro tipo de obras en la España rural: instalaciones de aerogeneradores, parques de placas solares, centros de gestión de datos o explotaciones intensivas de ganado. Al igual que nadie pone en duda la necesidad de embalsar agua, nadie discute la necesidad de generar energía limpia, disponer de conectividad o la creciente demanda de alimento. El problema que aparece con estos «nuevos pantanos» es que se quiere utilizar una zona de afección para el beneficio de otras zonas, nuevamente las más pobladas.

La tendencia política y de las grandes empresas es realizar macro instalaciones. Por ello, están apareciendo proyectos de este tipo a lo largo y ancho de la Serranía Celtibérica, un desierto demográfico que quieren hacer desaparecer para disponer de terrenos vacíos por los que no tendrán que pagar nada. De momento lo venden como inversión y lucha contra la despoblación: ingresos por licencias, generación de empleo y reactivación de los servicios locales. Mentira, es algo puntual, mientras se construye hay actividad en el entorno, luego nada.

Echemos la vista atrás y veremos que ocurrió lo mismo con la construcción de los pantanos. Otro modelo de gestión es posible. Un modelo que sea justo y equilibrado con el territorio, el medio ambiente y las personas, que mantenga formas de vida tradicionales y fije población en el mundo rural. Este modelo no lo quieren las grandes empresas y, por ende, los gobernantes, porque no les va a generar los mismos ingresos que su propuesta.

Necesitamos energía, datos y alimentación, pero de Km 0, que se les llena la boca con palabras y faltan los hechos. No hay que realizar macro instalaciones que sirvan a las grandes ciudades, hay que ejecutar centros acordes a las necesidades junto a cada zona de consumo. Hay que volver a la ganadería extensiva que no genera los gastos ni residuos de la intensiva y protege los campos y montes de los grandes incendios. Hay que promover lo pequeño frente a lo grande, lo cercano frente a lo distante.

Si estás leyendo estas líneas, deberías pensar en lo que supone para el devenir de los próximos años. Las decisiones que se toman ahora las pagarán las siguientes generaciones. Si no te gusta lo que se está haciendo, involúcrate y pon tu granito de arena apoyando las iniciativas en marcha para que los pueblos sigan existiendo en la próxima década.

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