Agosto, 2025

Por DANIEL LÓPEZ GUILLÉN.
ADSC - Valencia
Existe mercado para establecerse en el territorio. Otra cosa es que el flujo de dinero no importe de dónde venga para una estabilidad.
Comenzando todo como un amor, un amor innato a la naturaleza. Y, con unas leyes sobradamente conocidas. Encuentro una estabilidad sentimental por la agricultura. Pero un floreciente mercado neoliberal a una pronta edad. Las políticas no acompañan. Una primera iniciativa de alcanzar buenas titulaciones académicas y ser una persona con carrera, se truncan, cuando veo mi adolescencia perdida. Así pues, comienzo a trabajar, soy una persona, y lo se, dispuesta para desarrollar mi físico y mi mente de por vida. Como es de esperar el mercado neoliberal no respeta los oficios. Vimos perder los de mi generación el sector primario en este país, en pro, del sector servicios. En aquél momento existía una lucha más encarnizada en contra de fuerzas más grandes. En realidad, con mejor apoyo institucional. No creo que a estas alturas nadie niegue la mayor al entender ya, de una vez, que el sector servicios, y a la infinidad de pruebas me remito, no quiso formar a sus empleados. Dando estabilidad familiar. Fuimos números en cuentas bancarias. Los nuevos ayuntamientos.
Ahorré para, ya sí, parar en el camino y conseguir lo que deseaba, un oficio. Escuelas agrarias, academias, escuelas de oficios y cursos de profesionalidad me ofrecían conocimientos y los practicaba. A día de hoy, puedo demostrar que lo siguen haciendo. Alimentan mis pensamientos y no, aún, políticas gubernamentales. Sigo desarrollando físico y mente. Año 2003 comienza mi carrera como jardinero, juventud por delante, trabajo 24/7, empresas respaldan mi futuro y me procuran una economía estable en el presente. Ideas no faltaban e instituciones que se están creando. Nuevos conocimientos sobre cultivos rentables se comparten por parte de la administración central con el ciudadano que demuestra interés y, otras culturales progresaban. El instituto Serranía Celtibérica alimenta a una sociedad próspera. Pero hay que parar, la crisis financiera de 2008, en mi sector, dejo en la calle al 80% de las plantillas laborales. Pocos fueron, los que aún viendo reducido su salario a la mitad, sustentaron empresas. Yo, tengo que reconocer que no tanto las de mi sector. Comprobamos todos/as que se apagaron las luces de las carreteras y se dejaron de construir y mantener parques y jardines, el gobierno tenía que ahorrar en gastos de mantenimiento en pro de otros sectores. Y, esa fuga de capital económico, que muy a nuestro pesar, a los interesados en la agricultura iban a ser las plantas aromáticas y medicinales, con sus múltiples opciones de distribución en diferentes formatos. Aquello se redujo a tener que crear un mercado de cercanía. Ya no podían ser almacenes cooperativistas. Quizás con el tiempo no dejándose olvidar a este reciente y próspero sector, sí, crearíamos un floreciente mercado competitivo.
Lo que podía haber sido competitivo a nivel internacional se nos redujo a la máxima potencia, o, mejor dicho, a la mínima expresión. Necesité del mercado de agricultura ecológica. Tenia que volver al pueblo. Por mil motivos en realidad también. Llegados a este punto había que convencer a los ayuntamientos, necesito 10 ha. se me ocurrió decir y, me tacharon de loco. 10 ha. aseguran la producción competitiva de mercado que en aquellos momentos, aquel mercado me dejaba tener, de 1 m³ de aceite esencial de una planta aromática y medicinal. Que destilada, en l’Aquitara (destiladora), más o menos, como producto perecedero se puede introducir en el mercado extendiendo el tiempo, cosa muy practica, más que necesaria, para unas economías de subsistencia en aquél momento. Y, me repito, en una Península Ibérica tocada por la despoblación. Se ofrecieron a la práctica las asociaciones, que actualmente siguen en marcha escalando posiciones, como son las conocidas redes de semillas, actualmente bancos de semillas respaldados por Jardines Botánicos, y que, en aquel entonces éramos aficionados con un hobby. Floreciente actualmente mercado de semilla ecológica, la original. Semilla soberana. Al ver que me quedaban 3 años aún por delante, tres años para la certificación, certificación en agricultura ecológica que aún hoy en día sigue expendiendo la administración del gobierno regional. Ante, la negativa popular local de dejarse crear ese mercado, con tasas de despoblación, como ya sabemos, de 6 hab/ km². Yo, y los pocos interesados decidimos continuar. Una publicidad mayor evitaría males mayores, pero no la conseguimos, continuamos como se podía. Se podían certificar terrenos en la localidad, de hecho conseguimos la certificación honradamente, fueron el mayor numero de ha en esa comarca, por lo menos en aquél momento. Dicho por el inspector de la zona, ahora, nosotros, no llegamos a saber cual era su cartera y el territorio que él certificaba dentro de la organización de en agricultura ecológica.

Campo de lavanda en Brihuega (Guadalajara)
Pues, aún así, eso no le valió al ayuntamiento 3 años después, seguíamos con mala reputación. Que no digo que nos fueran a publicitar, digo mala reputación. La confusión era tal que los pobladores aludían a por qué esperábamos tanto tiempo a sacar un producto al mercado. Que ellos/as tenían costumbre de los abonos químicos, y de sus resultados y seguían engañados/as. Hay que reconocer, siendo el presente, el mercado ecológico ha evolucionado mucho, en aquel momento era muy restrictivo. Después de una reunión con el alcalde en la alcaldía, en concreto en su despacho, como no, recibimos un no por respuesta de nuevo, ahora ya era oficial, y arriesgado. Conseguir llegar mas allá suponía enfrentamientos judiciales y abogados. Si no, la fundación impopular de una carrera política por la alcaldía con el nombre de otro partido. Dispusimos, recuerdo, durante la crisis financiera de 2008 y ahora en 2013 de iniciar una nueva cooperativa con miembros que ya disponían de contratos verbales para la producción comercial, así es el campo, y nadie le pone puertas al campo. Como se dice popularmente, nadie quiere ser el "tonto las lindes". Vamos para que se enteren los que aún no lo pilláis. Que nadie ha vallado el campo aún en el siglo XXI. Nos quedó clara una cosa, las políticas estatales no funcionaban practicadas por los gobiernos locales. Y, ni mucho menos precisamente había aún más tiempo. Lo único que nos era necesario fue censar aquellos terrenos de los que disponíamos certificados en agricultura ecológica para la creación jurídica de una entidad cooperativa. Lavanda, Mostajo, Caléndula, Lirio, y Santolina y l’Alquitara (destiladora), en un futuro muchas más producciones se quedaron a las puertas de, quién sabe, quizás revalorizar un mercado en aquél momento al alza como era el de la planta aromática y medicinal. En un territorio que es bien sabido por los profesionales del sector concentra por naturaleza la mayor vegetación espontánea de estas plantas en el mundo. Son autóctonas. Y el clima, por supuesto, acompaña.
Saturado yo por aquellas condiciones de vida, como os podéis imaginar formé parte de la despoblación aún mas de la localidad. Y, no me da vergüenza decir que, seguidamente, busque tratamiento psicológico para encajarlo y rehacer mi vida. Con 35 años, y como bien es sabido muchos de pueblo no somos paletos, o, no lo somos tanto... Por suerte fueron años que relajaron mis emociones encontradas mientras conseguí rehacer mi economía. Un centro publico de la Comunidad de Madrid, a cargo de un profesional, reconocido medalla de oro de la comunidad por su labor y proyecto, comprendió la tormenta que se desencadenaba a mi alrededor, y, que debía caer, estabilizando mi salud. Hoy en día estoy más que preparado para seguir construyendo con la sociedad, aún sabiendo que puedo haber sido utilizado para practicar la demagogia en público. Ahora el sector servicios ni si quiera le corresponde a mi generación, a los números me remito, toda formación que para algunos/as fue necesaria se obvia, en un sector que no está respetando los convenios y que alardea de conseguir la empresa porque aún lo puede dejar más barato. Mi nombre es Daniel López, sigo viviendo por y para las causas. La agricultura, los calendarios agrícolas, y parece mentira, muchas de las herramientas que utilizo están expuestas y datadas en museos antropológicos y arqueológicos. Estoy convencido que solo el mercado local y de cercanía es un futuro para nuestras poblaciones y ciudades. Porque no decirlo, aúpa, si ya pude hacerle frente al mercado de las especias indias, por ejemplo. Faltaron políticas correctas. Ahora aún soy capaz de manejar un vivero estufa, cualquier nave industrial o ganadera sirve para ello, en el territorio, aclimatar planta, en una zona climáticamente considerada de las más duras de la Península Ibérica, algunas veces y en algunas zonas.
Daniel López
