Opinión: La zona cero de la despoblación

Representantes de las plataformas de !Soria Ya!, la Otra Guadalajra, la Plataforma Norte de Guadalajara y Teruel Existe, en el 2014 en Medinaceli

Francisco Burillo Mozota
Catedrático de prehistoria en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Zaragoza en Teruel. Fundador de la Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica y Director del Instituto de Investigación y Desarrollo Rural Serranía Celtibérica.


“La zona cero de la despoblación ‘se va’ de Soria a Guadalajara”. Este es el titular con el que nos despertábamos hace un par de días y que publicaba un medio soriano para sorpresa de la mayoría e indignación de muchos de los que hemos dedicado, durante años, todas nuestras energías a la lucha contra la despoblación del mundo rural.

Sin duda, resulta un titular atractivo a simple vista. Por un lado, resulta llamativo porque no parece que sea algo literalmente posible, pero, además, recurre inteligentemente al sentimiento de pérdida, o incluso de arrebato, y si algo hemos aprendido en nuestros años de lucha es la enorme capacidad de los sentimientos para crear comunidad, identidad, y, por tanto, su capacidad para movilizar. Por ello creo importante detenernos por un momento para analizar las implicaciones del citado texto.

En este artículo se hacía referencia al reciente convenio de colaboración firmado entre el Instituto de Investigación y Desarrollo Rural Serranía Celtibérica y el Instituto de Ingeniería de España. Este convenio, bajo el título “Señorío de Molina de Aragón, zona cero de la despoblación de Europa”, pretende servir de proyecto piloto para profundizar en el análisis de una de las zonas más despobladas de Europa y desarrollar una estrategia integral y específica para su recuperación. Sin embargo, siempre según el artículo en cuestión, la denominación de “Zona Cero” es un recurso con el que se había venido identificando el movimiento social contra la despoblación en Soria, y que, literalmente, “no se consultó el préstamo a Soria Ya”. El conflicto está servido, elijan su bando y a pelear.

Por dejar claros los antecedentes, diré que el recurso retórico de “Zona Cero” ya se había aplicado con anterioridad a Guadalajara, tal como recoge Paco Cerdá en su libro “Los últimos. Voces de la Laponia española”, publicado en 2017 por la editorial riojana Pepitas de Calabaza; el cual dedica sus capítulos a cada una de las 10 provincias que configuran la Serranía Celtibérica y donde el primero lleva el título de “Guadalajara. Zona Cero”. Sin embargo, creo mucho más importante dejar claro que las “zonas cero”, las “provincias más despobladas”, los “territorios más despoblados”, cualquier referencia entre zonas despobladas, debe, y subrayo, debe, servir para visibilizar la problemática, para requerir acciones concretas por parte de las administraciones; pero jamás para enfrentar a unos territorios despoblados contra otros.

Ya desde 2012, la Unión Europea viene señalando que las provincias, como delimitaciones administrativas, no reflejan correctamente la realidad de la despoblación. De hecho, siguiendo ese criterio, solo Teruel, Soria y Cuenca tendrían problemas por despoblación en España, y no el 54 % de su territorio, donde vive el 5% de la población española (con una media de 8,69 habitantes por kilómetro cuadrado), si consideramos directamente la densidad de población a nivel municipal en lugar de provincial.

Entre las diez áreas de baja densidad de población que surgen aplicando este segundo criterio (densidad de población a nivel municipal) se encuentra la Serranía Celtibérica, la cual sufre la menor densidad de población de España: 7,09 hab./km2. Este número es especialmente importante, ya que, al hallarse por debajo de 8 hab./km2, se puede aplicar a todo este territorio el acuerdo existente en el acta de admisión de Finlandia y Suecia en la Unión Europea, de 1994, por el que se define el concepto de “Área Escasamente Poblada”, y que hasta ahora solo se aplicaba a Laponia, en Finlandia.

Por otro lado, cabe destacar que Soria es la única de las provincias en las que todo su territorio forma parte de Serranía Celtibérica; con 88.600 habitantes (INE, 2018), 10.306 km2 de superficie y una densidad de población de 8,59 hab./km2. Efectivamente, la totalidad de la provincia de Soria entra dentro del mayor desierto demográfico de Europa, la Serranía Celtibérica, y por ello Soria puede “beneficiarse” de su proximidad a otros territorios con una densidad de población inferior, formando un frente común para la canalización de fondos estructurales europeos contra la despoblación. Ese es el caso de Guadalajara, cuyo territorio serrano (excluyendo el corredor del Henares) ocupa el 92,90 % de la provincia y, con 48.611 habitantes (INE, 2018) y una superficie de 11.303,81 km2, resulta en una densidad de población de 4,30 hab./km2.

Por desgracia, los datos pueden resultar tediosos y la realidad compleja de analizar. Resulta mucho más sencillo lanzar a la opinión pública mensajes contradictorios y sonoros juicios de valor como “contra la despoblación no todos van en el mismo barco”, frase final del artículo de marras e inspiración para esta humilde reflexión. Detrás de ella, espero, se esconde el pleno desconocimiento de los antecedentes que explicaba y una ligereza aseveratoria impropios del periodismo de calidad. La otra opción, la de los intereses políticos en el enfrentamiento, resultaría mucho más siniestra y difícil de asimilar.

Por nuestra parte, seguimos pensando que nuestro éxito contra la despoblación, de alcanzarlo algún día, no resultará jamás de enfrentar a las personas y a los territorios, sino de unir nuestras fuerzas ante el Gobierno de España y la Unión Europea. Así lo hicimos junto con los anteriores portavoces de Soria Ya, la Otra Guadalajara, la Plataforma Norte de Guadalajara y Teruel Existe, cuando, reunidos en Medinaceli el 18 de enero de 2014, decidieron apoyar públicamente el trabajo que desarrollamos desde Serranía Celtibérica. Así lo seguiremos haciendo para exigir una acción firme y coordinada contra la despoblación de nuestros territorios. Seguimos.

Opinión: ¿Despoblaqué?

Eduardo Quilis Hernández
Ambientólogo especialista en Ordenación Territorial.
Secretario de la Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica en Cuenca.

De paradojas demográficas y evolución histórica

Por sorprendente que pueda parecer, la despoblación, tal y como la entendemos hoy en día, es un fenómeno relativamente nuevo. Podríamos echar la vista hacia atrás, hasta los inicios de la civilización, y sólo encontraríamos tendencias similares entre las grandes epidemias y las grandes guerras. Sin embargo, hay una diferencia fundamental: la pérdida de población en estos casos fue a escala global, continental o nacional, pero nunca antes fue sólo rural.

La paradoja demográfica que vivimos en la actualidad nos hace hablar, por un lado, de superpoblación a nivel mundial, de grandes corrientes migratorias y de escasez de recursos. Pero, por otra parte, existe otra realidad mucho más cercana que nos está diciendo todo lo contrario; como, por ejemplo, que el 53% del territorio en España alberga tan solo el 5% de la población del país. Podría parecer, entonces, que vivimos en un extraño oxímoron de despoblación neomalthusiana[1],  de demotanasia[2] superpoblada; pero entre todo este maremágnum de tendencias y conceptos encontramos siempre un denominador común: la política territorial.

Desde que la sociedad existe, también ha existido una clase política que ha dirigido, con mejor o peor criterio, el desarrollo económico, territorial y social de las naciones y sus pobladores. Las políticas económicas y las estrategias territoriales de los estados han venido marcando de forma directa el desarrollo social y demográfico de la población. Tal es el caso de las dos guerras del golfo, la autarquía franquista o, más recientemente, la mediática guerra económica entre los EE.UU. de Trump y China. Para referirnos a esta relación en el ámbito internacional hablaríamos de geopolítica y, en el ámbito nacional, de política territorial.

Aparte de las citadas decisiones políticas, existen tendencias globales que escapan de las manos de cualquier dirigente o élite gobernante, por influyente que ésta pudiera llegar a ser. Un ejemplo sería la revolución industrial, la cual solamente podríamos catalogar de proceso histórico, en tanto es fruto de la suma de incontables acciones e interacciones de la sociedad en su conjunto. Si bien se podría argumentar que existen precursores (el desarrollo de la máquina de vapor y la política social y económica del Reino Unido durante el s. XVIII en este caso), este tipo de transiciones responden únicamente a la evolución histórica de la humanidad en busca del progreso intelectual, científico y social.

Por tanto, para poder entender el fenómeno de la despoblación de una forma comprehensiva, hay que considerar la suma del contexto histórico junto con las decisiones políticas que en él se están llevando a cabo. Éstos son los elementos que definen el marco en el que nos encontramos hoy día. Éste es el caldo de cultivo en el que se ha desarrollado la despoblación en España.

Guerra, hambre y un plan

Para cualquier persona que haya nacido en democracia, cuesta imaginar un territorio como la Serranía de Cuenca con una población fija, estable, con sus servicios intactos y sus infraestructuras en continuo proceso de mejora. Pero esto no fue siempre así. Aunque pueda parecer una foto fija, la despoblación en España es un proceso que se ha venido desarrollando durante décadas. Se remonta aproximadamente a la década de los años 50 del siglo pasado, y en estos casi 70 años no ha hecho más que aumentar de forma continuada la sangría poblacional en los territorios rurales remotos. Pero ¿por qué en ese momento? ¿por qué en este territorio y no en otros?

Como ya se ha dejado entrever anteriormente, la causa de la despoblación no es única ni unilateral. En España concretamente, el inicio del proceso de despoblamiento se remonta a mediados del s. XX, porque fue el momento en el que llegó para asentarse definitivamente la dinámica productiva propia de la revolución industrial. Las mismas tendencias demográficas y sociales que se vieron en Europa durante el s. XIX, como la migración en masa hacia las grandes ciudades, la creación de suburbios periurbanos y el consecuente decrecimiento del sector primario, tardaron casi un siglo en llegar a nuestro país. En parte por la arraigada tradición agrícola que existía previamente, pero también por las políticas económicas que se venían practicando, en España sólo nos hizo falta el inicio, desarrollo y efectos posteriores de una larga guerra civil, y la más larga postguerra, para que llegáramos con casi un siglo de retraso a los cambios propios de la revolución industrial.

Curiosamente, fue en este contexto después de la guerra civil cuando pudimos ver el último destello de nuestras zonas rurales. Las ciudades habían sido el objetivo primordial de los modelos pugnantes durante la guerra y, por tanto, fueron las peor paradas. Este hecho se vio acrecentado por encontrarse en medio de la transición hacia un nuevo modelo productivo que, por este motivo, no llegaría a cuajar hasta décadas después de que finalizara la guerra. Gran parte de la población, gravemente empobrecida y sin un tejido productivo que la sustentara, abandonó su reciente rol proletario y volvió por última vez a la seguridad de sus pueblos natales, donde la agricultura y la ganadería, aunque de forma modesta, les permitía mantener un plato en sus mesas y un fuego en sus hogares.

A partir de ese momento comenzó lo que ya había sucedido en el resto de Europa. Los cambios tecnológicos y científicos, la apertura del mercado global y la expansión del capitalismo, hicieron que se desarrollara un nuevo modelo social y demográfico en España. Las personas que, tras la guerra, habían buscado la seguridad del mundo rural, iniciaron el gran éxodo hacia los polos industriales y económicos del país. El modelo autárquico del régimen franquista duró apenas un par de décadas, pero fue suficiente para modelar el tejido productivo del país tal y como lo conocemos hoy en día. Durante la segunda mitad del s. XX se impulsaron diferentes agendas, tales como la zona industrial del cantábrico, la zona pesquera atlántica, las ciudades portuarias del mediterráneo o la capital madrileña, omnisciente y omnipresente. Frente a éstos, zonas como Extremadura, Aragón, Andalucía y las dos Castillas fueron receptoras del gran plan del régimen para equilibrar la balanza en forma de ‘colonos’.

Consciente de que el sector primario resultaba imprescindible para su proyecto autárquico, el régimen franquista había establecido una hoja de ruta para repoblar las zonas interiores del país, donde los ecos de la guerra y la postguerra estaban movilizando en masa a la población hacia el brillante futuro de la recién estrenada industrialización. El proyecto consistía en la creación de numerosos núcleos rurales, acompañados de infraestructuras energéticas (los famosos pantanos), que sirvieran como catalizadores para la revitalización de las zonas agrícolas de interior. La idea era sencilla: si llevamos a gente a producir al campo y les damos casa y energía, la economía derivada de su actividad reactivará esas zonas y, con el tiempo, se mantendrá estable. Por desgracia, a nadie se le escapa que el final de la película no fue el que todos esperaban, y la política territorial del régimen franquista, aunque bienintencionada, probablemente pecó de simplista. Habían demostrado que no basta con meter personas en un territorio para que la población arraigue.

Para sorpresa de nadie, en la pugna entre las dinámicas demográficas propias de la industrialización y la estrategia de repoblación de zonas interiores del país hubo un claro derrotado: nuestras zonas rurales. A medida que la sociedad se fue transformando en lo que conocemos hoy en día como ‘estado del bienestar’, la búsqueda de las facilidades propias de vivir en una gran ciudad fue ganando terreno a la tradición rural y a los beneficios derivados de vivir en los pueblos. Sin un modelo territorial exitoso que lo estructurase, la España de interior se fue desangrando poco a poco, reduciendo la población del conjunto de su mundo rural y viendo cómo se desvanecían en el tiempo los núcleos de menor envergadura.

¿Y ahora qué?

Cuando ves por primera vez la imagen de España por la noche desde el espacio, lo primero que atrae tu mirada es el gran punto brillante que representa la capital. Después, quizá dirijas la mirada hacia la costa mediterránea, o a la ‘nariz’ portuguesa. Pero si vives en un pueblo de interior, lo más fácil es que te encuentres representado o representada por poco más que un gran vacío lumínico con pequeños destellos de las capitales de provincia. Es una triste metáfora de lo que se ha convertido la despoblación en España: un gran vacío que tan solo atrae las miradas de los más curiosos.

Ese sentimiento contra la despoblación que durante estos últimos años hemos visto aparecer esporádicamente en los medios es igual de nuevo que el problema al que nos enfrentamos. No existe precedente de un desequilibrio territorial tan marcado como el que vivimos hoy en día, por lo que no encontraremos un ejemplo a seguir. Podemos vernos reflejados en otros territorios rurales remotos de Europa, como Laponia en Finlandia, o los Highlands en Escocia, pero lo cierto es que, en nuestro caso, el despoblamiento es real. Esto no significa que no exista despoblación en esos territorios, sino que, en su caso, la baja densidad de población es una característica intrínseca a su historia; no ha existido un proceso de despoblamiento. En cambio, territorios como la Serranía Celtibérica en España, donde la densidad de población es inferior a 8 habitantes por kilómetro cuadrado, son territorios que sí han tenido una demografía más o menos estable a lo largo de la historia, pero que, mediante procesos migratorios, han visto reducida su población hasta los mínimos que observamos hoy en día.

Frente a este proceso, hemos podido observar cómo se alzan esporádicamente distintas voces que reclaman la atención de la siempre esquiva opinión pública. Las personas que reparan en el problema de forma diaria suelen ser las más concienciadas, es decir, las personas que quedan en las zonas rurales. Sin embargo, también estamos viendo cómo se movilizan otros colectivos sociales, como, por ejemplo, aquellos que defienden la sostenibilidad ambiental o incluso aquellos que se vienen a calificar como ruralistas o neoruralistas.

La más reciente demostración pública de esta reivindicación ha sido la denominada ‘Revuelta de la España Vaciada’, organizada por las plataformas Soria Ya y Teruel Existe. En este caso, dichas plataformas han abrazado la idea de la gestión política territorial hasta el punto de que Teruel Existe incluso ha conseguido representación para defender su postura en el Congreso de los Diputados. Por otra parte, organizaciones ambientalistas y ruralistas también están desarrollando labores de concienciación, estudio y reivindicación sobre el problema de la despoblación. En la provincia de Cuenca, por ejemplo, contamos con plataformas como Pueblos Vivos, quienes, a raíz de la lucha contra la instalación de nuevas explotaciones ganaderas intensivas, están desarrollando una labor de concienciación y movilización que no tiene comparación en nuestra provincia.

Las recetas que prescribe cada uno de estos proyectos son distintas, como distintos son sus objetivos específicos. Algunos apuestan por el regionalismo al estilo del Partido Regionalista Cántabro; otros, como Serranía Celtibérica, apostamos por una solución interregional que aborde el problema de la despoblación en su totalidad. Pero no sólo eso, sino que la metodología propuesta es igual o más diversa. Las soluciones que se proponen van desde el fomento de la agricultura ecológica hasta la creación de grandes viales de comunicación; pasando por la agrupación de municipios hasta la instalación de internet de banda ancha. Sin embargo, sí que parece existir un consenso en torno a que los servicios, las infraestructuras y la economía serán las principales herramientas de las que dispondremos en esta lucha. Lo que es seguro es que el problema al que nos enfrentamos tiene un origen histórico, casi bíblico, y la solución a la despoblación tendrá que estar a la altura.


[1] Neomalthusianismo. Teoría social y demográfica derivada de los postulados originales de Thomas Robert Malthus (1766-1834), el cual auguraba el colapso de la civilización por el incremento exponencial de la población a nivel mundial durante el s. XVIII debido a la revolución industrial (Malthusianismo). Durante el s. XIX y el s. XX esta corriente volvió a resurgir señalando la necesidad de controlar la población para mantener cierto nivel de vida (Neomalthusianismo).

[2] Demotanasia. Del griego ‘demos’ (población) y ‘thánatos’ (muerte). Término acuñado por Pilar Burillo Cuadrado, del Instituto de Investigación Serranía Celtibérica, que indica la desaparición de la población en un territorio como consecuencia de un proceso de despoblamiento cronificado.

Fuente: https://www.eldiario.es/clm/palabras-clave/Despoblaque_6_971562847.html


Presentación del proyecto piloto “Señorío de Molina de Aragón, zona cero de la despoblación de Europa”

Pie de foto: de izquierda a derecha: María Pilar Burillo Cuadrado, Pascual Rubio Terrado, profesor de Geografía, Francisco Burillo Mozota, Domingo Gómez Orea, Jesús Alba Mansilla, José Juan Fernández Zarco, Miguel Ángel de Zavala Girones y Santos López Tabernero, Delegado.

Primera iniciativa de los Institutos Serranía Celtibérica y de la Ingeniería de España tras la reciente firma de un convenio de colaboración

El documento se elevará a las instituciones nacionales y europeas para que el Señorío de Molina sea declarado en situación de catástrofe demográfica.

También se entregará al rey de España, Felipe VI, que conserva entre sus títulos el de Señor de Molina.

Jueves, 5 de diciembre, 2019 (Molina de Aragón).- Representantes de la Asociación Instituto de Investigación y Desarrollo Rural Serranía Celtibérica y del Instituto de la Ingeniería de España presentaron, el pasado día 29, el proyecto piloto “Señorío de Molina de Aragón, zona cero de la despoblación europea” al Gobierno de Castilla-La Mancha, representado por el Director General de Desarrollo Rural, José Juan Fernández Zarco, y el Delegado Provincial de la Junta en Guadalajara, Santos López Tabernero, en el transcurso del encuentro celebrado en la sede de la Asociación de Desarrollo Rural Molina de Aragón Alto Tajo, con presencia de su Presidente, Jesús Alba Mansilla.

El proyecto se desarrolla dentro del convenio firmado recientemente entre la Asociación Instituto de Investigación y Desarrollo Rural Serranía Celtibérica, que estuvo representada por su Presidente, Francisco Burillo Mozota, y por la experta en GIS y análisis demográfico, Pilar Burillo Cuadrado, y el Instituto de Ingeniería de España, que contó con la presencia del Presidente del Comité de Asuntos Rurales de la entidad, Domingo Gómez Orea. Este proyecto se encuadra entre las acciones impulsadas por la Red de Universidades de la Serranía Celtibérica, representada por el  Catedrático de Ecología de la Universidad de Alcalá de Henares, Miguel Ángel de Zavala Girones, y el Profesor de Geografía de la Universidad de Zaragoza en el campus de Teruel, Pascual Rubio Terrado.

Objetivo y líneas de acción del proyecto piloto “Señorío de Molina de Aragón”

Considerando que la despoblación es el síntoma principal de un largo proceso de declive territorial, el objetivo básico del proyecto consiste en reconducir tal proceso hacia otro de progreso que contribuya a fijar la población existente y a propiciar su crecimiento progresivo por vía natural y favoreciendo la incorporación de nuevos efectivos; todo ello haciendo del Señorío un espacio atractivo para vivir y lleno de oportunidades para progresar; y mostrando esta imagen de prestigio en el exterior.

Para avanzar hacia estos objetivos el documento presentado prevé las siguientes líneas de actuación, que en conjunto, reforzándose mutuamente, conforman una estrategia solvente de desarrollo:

1) Solicitar al Gobierno de España y a la Unión Europea que declare al “Señorío de Molina de Aragón” en situación de catástrofe demográfica, y que como área desfavorecida, que cumple con los requisitos de ser rural remota, de montaña, con problemas demográficos graves, y muy extrema densidad demográfica, se aplique de forma inmediata el artículo 174 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, tal como vienen disfrutando desde hace años otras áreas desfavorecidas como las insulares ultraperiféricas, aplicándose, de forma inmediata, una Inversión Territorial Integrada (ITI) y similar discriminación positiva que la existente en las Islas Canarias.

2) Realizar un primer informe donde se analizará la distribución, evolución, proyección futura y características demográficas de la población, evaluando la población que reside más de la mitad del año. Se identificarán, asimismo, los sectores de actividad económica, el PIB per cápita, y otros indicadores sociales. Este informe será elevado al Rey de España, en su calidad de Señor de Molina, a la Diputación Provincial de Guadalajara, a la Comunidad de Castilla-La Mancha, al Gobierno de España y a la Unión Europea.

3) Implicar a la Asociación de Desarrollo Rural Molina de Aragón Alto Tajo, a la Comunidad de Villa y Tierra del Señorío de Molina, a sus cuatro sesmas, a las mancomunidades y municipios, así como a la ciudanía, sectores sociales y económicos del Señorío de Molina de Aragón, en los objetivos y líneas de acción del proyecto. Desarrollar el liderazgo entre la población que permanece y entre los emigrantes recientes o de primera generación que pudieran estar interesados en la reconducción del proceso de declive señalado. Invitar a participar en el proyecto y apoyarlo a personas de prestigio vinculadas con el Señorío.

4) Elaborar y promover una imagen de prestigio nacional e internacional del Señorío de Molina y de la Serranía Celtibérica. Actualizar el informe para que la cultura celtibérica sea reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

5) Evaluar el capital natural y cultural disponible y/o valorizable como recurso de desarrollo. En lo relativo al natural, cabe poner el énfasis en aspectos como la capacidad de absorción de CO2, el clima, el agua, el paisaje, y la biodiversidad, que se encuentran en la base de sus potencialidades forestales, agrarias, ganaderas y turísticas. Mientras, en lo referente al cultural, se tendrá en cuenta su gran patrimonio histórico e inmaterial, propio este de una sociedad campesina que en pocos años desaparecerá y que la UNESCO está reconociendo en todo el mundo como Patrimonio de la Humanidad.

6) Proponer acciones multinivel que supongan un desarrollo social y económico sostenible, para generar empleo y riqueza en el marco legislativo europeo y se pueda revertir la lacra de la despoblación.

7)  Planificar las medidas de vertebración del territorio, para conseguir un sistema de pueblos eficaz, eficiente, atractivo, competitivo y sostenible, tanto desde el punto de vista de la generación de actividad económica y creación de empleo, cuanto de la dotación de equipamientos y servicios sociales, y muy especialmente de acceso a la vivienda de calidad; fomentar para ello colaboración intermunicipal. Y mantener en buen estado la red de carreteras y extender la banda ancha y la telefonía móvil a todo el Señorío de Molina de Aragón.

8) Identificar una batería de proyectos a partir de los recursos endógenos y oportunidades de localización del señorío, basados en la doble idea de calidad y sostenibilidad, capaces de atraer el interés y la inversión de agentes privados.

9) Recoger los objetivos y líneas de acción señaladas y otras que puedan surgir, en una estrategia de progreso para el Señorío, que muestren sus relaciones sinérgicas, su solidez y su solvencia.

10) Extrapolar los métodos, estrategias y medidas desarrolladas en el Proyecto Molina de Aragón al resto de la Serranía Celtibérica, y a las “Áreas de Baja Densidad de Población” del resto de España y Europa meridional.

Algunas precisiones territoriales

Serranía Celtibérica es el mayor desierto por despoblación de toda la Unión Europea, pues con una extensión de 65.825 km2, esto es más del doble que Cataluña, tiene una población censadas de 467.308 habitantes, lo que da una densidad de 7,09 hab/km2. Circunstancias demográficas extremas que al situarse por debajo de los 8 hab/km2

Dentro del territorio de Guadalajara destaca el Señorío de Molina de Aragón, en el que sus 8.489 habitantes, según el censo, ocupan un área de 3.362 km2, lo que arroja una densidad de 2,52 hab/km2. Sin embargo, este índice será muy inferior cuando se analicen los datos de población reales. Los datos históricos alejan cualquier duda sobre si la extrema situación demográfica extrema en la que se encuentra el Señorío de Molina se debe a causas estructurales. Para ello, un dato significativo, el rey de España, Felipe VI, sigue ostentando el título de Señor de Vizcaya y de Molina, distinción que se remonta al año 1293, con el reinado de Sancho IV. Este título es indicio de que estos territorios tenían en la Edad Media una importancia similar. Pues bien, en la actualidad, en la provincia de Vizcaya viven 1.148.000 personas sobre 2.217 km2, y su densidad es de 517,95 hab/km2. Estas diferencias tan dispares son consecuencia de un proceso continuado de demotanasia, como lo demuestra el hecho de que sea el Señorío de Molina la comarca que más población ha perdido en el siglo XX, un 80,90 %.